Por qué México Sí

Por Santiago Macias H*

Cuando escuchamos la radio o la televisión, en las reuniones con amigos o de trabajo, es frecuente oir los muchos problemas que tenemos como país. Personajes de todo tipo nos explican detalladamente porque México está mal. No sé ustedes pero yo estoy un poco cansado de que me expliquen POR QUÉ MÉXICO NO. El propósito de este artículo es exactamente lo contrario, explicar POR QUÉ MÉXICO SÍ.

Comencemos por evaluar el desarrollo que como país hemos tenido. Si comparamos como estamos hoy con las cifras de 1980, hace más de 35 años, en ese plazo el país ha tenido varias crisis económicas, desastres naturales extraordinarios, ha cambiado su relación con el mundo a través de tratados de libre comercio y hemos tenido en la presidencia a dos partidos distintos. Es difícil pensar en que haya un responsable de lo que ha pasado en el país en este lapso.

Al analizar algunas de las estadísticas básicas de calidad de vida observamos lo siguiente: entre 1980 y 2015 las familias que poseían al menos un automóvil pasó de 23% a 43.5%, casi se duplicó. Los hogares con teléfono fijo pasaron de 17% a 44%. De prácticamente cero en 1980 para 2015 el 44.9% de los hogares tenían una computadora operativa, el 57.4% de la población usa Internet regularmente y el 39.2% de los hogares cuenta con acceso a Internet en su hogar.

Los indicadores demuestran cómo ha crecido el bienestar en los últimos 35 años. México ha incorporado a su clase media a casi dos tercios de su población. Desde luego que el principal responsable de estos cambios ha sido la propia población, los empresarios y los trabajadores que con su esfuerzo diario han logrado que hoy México sea mucho mejor que hace 35 años.

Está de moda hacer evaluaciones sobre la situación actual, los logros alcanzados y los problemas no resueltos. Según de qué lado está el que habla pondera una u otra visión. Escuchamos muchas posiciones pesimistas sobre el futuro del país y muy pocos hablan de México como un futuro líder mundial o regional, de convertirnos en motor del desarrollo ya sea por la eficiencia de nuestra producción o por la creatividad e innovación en nuestros productos (mejor aún, por ambos). Muchos solo ven el futuro cercano y expresan descontento o desilusión por la falta de logros, por la inequidad y, sobre todo, por la inseguridad. Los logros del país de los últimos 35 años son buenos pero insuficientes para muchos mexicanos.

No hay duda que en los últimos años hemos logrado la meta indispensable de la estabilidad. Sin embargo, el tema de crecimiento y la consecuente generación de empleos bien pagados está aún pendiente. Debemos recuperar los resultados que como país tuvimos en el llamado DESARROLLO ESTABILIZADOR de los años 50 y 60, que unió a la estabilidad, el crecimiento y propició una excepcional movilidad social a través de la educación y la generación de empleos, si bien con modelos diferentes adecuados a estos tiempos.

Si México pudo hacerlo una vez, no hay razón para que no pueda hacerlo de nuevo. El secreto parece ser la coincidencia de objetivos de la mayoría de los actores sociales, económicos y políticos, así como la confianza de la sociedad para lograrlo.

En este marco es fundamental encontrar razones para que la población se sienta orgullosa de su país, empresa, empleo y esté consciente de que el trabajo diario, bien hecho, y con compromiso, es el origen mismo del crecimiento. Debemos buscar proyectos y objetivos que nos unan, que permitan que la sociedad y los actores políticos, económicos y sociales compartan al menos algunos elementos de la nueva visión del país. Construir el México que todos queremos requiere ponernos de acuerdo, al menos, en algunos elementos que efectivamente todos deseamos.

El mundo globalizado y la competencia feroz obligan a los países (y a las organizaciones) a buscar políticas y programas confiables y duraderos que permitan elevar la competitividad; lo cual, en un entorno de democracia como el que vivimos en el que periódicamente se cambia a los funcionarios responsables, requiere necesariamente la práctica de valores compartidos.

Sin embargo, una de las principales promesas de la globalización, que es mejorar la calidad de vida de la mayoría de los ciudadanos, no se ha cumplido a cabalidad. La respuesta social a esto se observa en decisiones democráticas de varios países, como Inglaterra o los EEUU, en los que optan por escenarios de alta incertidumbre lo que solo se explica porque una parte importante de la sociedad piensa que cualquier cosa es mejor a continuar como están.

En el caso de México, algunos opinan que la mejoría en la calidad de vida no ha alcanzado a la mayoría de la población e, incluso, que la brecha entre los más ricos y los más pobres se ha ampliado. Como resultado, las demandas de diversos grupos sociales son crecientes por ver reflejada de forma efectiva la mejoría en la forma de vida de ellos y de sus familias.

Por otro lado, los actores políticos (y económicos) no han sido capaces de generar consensos sobre las prioridades del país y las acciones necesarias para lograrlas, lo que ha provocado una caída en la confianza ya de por si escasa, tanto en las instituciones, las personas y la propia capacidad del país para responder adecuadamente y alcanzar el desarrollo económico y la distribución de la riqueza, la movilidad social y la generación de empleos que todos anhelamos.

Es indispensable que los actores económicos, políticos y sociales acuerden medidas de corto y mediano plazo que permitan sentar las bases para un nuevo impulso al desarrollo nacional.

La mejoría en la competitividad requiere de acciones en todos los niveles y con la participación de todos los actores. En la medida en que cada uno de nosotros asuma y cumpla cabalmente con sus propios compromisos y obligaciones estaremos colaborando a construir el México que deseamos.

Una de las condiciones fundamentales para el logro de estos objetivos es la capacidad de generar confianza en todos los actores de la sociedad, así como dar respuestas efectivas a las demandas sociales.

No hablamos solamente de la confianza en el país, o en los políticos, debemos fortalecer la confianza dentro de las empresas; ayudar a que el crecimiento de la organización sea visto por todos sus integrantes (empleados, socios, proveedores, clientes, vecinos, etc.) como el mejor camino para ganar y tener mejores resultados para todos. Solo con una visión compartida y un compromiso común (acompañado de un beneficio para todos) lograremos que, al menos dentro de la empresa, la confianza y la visión compartida se fortalezcan.

Es tarea de la sociedad y de los empresarios exigir que el gobierno en su conjunto (ejecutivo, legislativo y judicial, en sus ámbitos federal, estatal y municipal) establezca y ejecute políticas públicas que fijen condiciones adecuadas para alentar la competitividad de las empresas y promover la generación de empleos en un marco de honradez y eficiencia.

Pero también es responsabilidad de todos buscar que dentro de nuestro ámbito y organización se tengan claros los objetivos de crecimiento, que se establezca claramente cómo va a beneficiar a todos los actores estas acciones para lograr el compromiso y la visión compartida que necesitamos para hacer realidad el México que todos deseamos. Las condiciones están dadas, hoy tenemos muchas ventajas no siempre aprovechadas. Hagamos juntos el compromiso de trabajar con la entrega, honradez y eficiencia que el país necesita y merece. Es por esto que hoy todos debemos buscar cómo hacer que la pregunta y el compromiso sea POR QUÉ MÉXICO SÍ y actuemos en consecuencia.

Santiago Macias H*
*Coordinador General de COMPITE Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.